Las difíciles características geográficas y los escasos recursos económicos de Níger lo convierten en uno de los países del mundo en situación de mayor vulnerabilidad. La incidencia del cambio climático y los cada vez mayores niveles de inseguridad en el Sahel contribuyen a cronificar la preocupante situación de su población, especialmente en zonas rurales y, sobre todo, a las mujeres. Níger es un país con una importante brecha de género, donde las mujeres sufren múltiples violencias y discriminaciones.
La fragilidad de los ecosistemas y la gran dependencia del ciclo de lluvias convierten a Níger en el país de África Subsahariana con mayor vulnerabilidad al cambio climático. Durante los últimos años el país ha conocido considerables tasas de crecimiento fruto de la explotación de recursos minerales como el uranio, el petróleo, el carbón y el oro. No obstante, estos avances no logran compensar las limitaciones de una economía eminentemente basada en un sector primario que ocupa a más del 80% de la población activa.
Geopolíticamente, las fronteras nigerinas se caracterizan por una gran permeabilidad, en un contexto altamente inestable, con presencia de AQMI y otros grupos armados. Como consecuencia, existe población refugiada procedente del conflicto de Mali y de la ofensiva del gobierno nigeriano contra Boko Haram al norte de Nigeria.


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